Hyper Fightday, un nombre demasiado rimbombante para semejante creación. Cosas de juventud, supongo. Este juego es, a fin de cuentas, idéntico al Street’s Fight, es decir, dos monigotes en el centro sin moverse, puñetazo y patada. ¿Las innovaciones? La más evidente, el uso de un fondo de montañas que se dibujaban de forma aleatoria y un uso de los colores que intentaba dar la sensación del paso del tiempo en el paisaje a lo largo de las pantallas, a las que se llegaba alcanzando una puntuación determinada.
Dárdalorth
Gameplays: «D»
The Curse of Sherwood
Otro de mis juegos favoritos, aunque por motivos diferentes. En los años 80 los gráficos no eran tan importantes como lo son en la actualidad. Los juegos podían ser buenos sin necesidad alguna de alardear de un apartado técnico sobresaliente. Y este «The Curse of Sherwood» del que voy a hablaros es una buena muestra de ello.
Mi colección de Sega Saturn
Corría el año 1995, el mes de junio más concretamente, cuando aquí tuvimos el placer de recibir la nueva máquina de Sega, la Saturn, que venía a elevar poderosamente los estándares de los videojuegos de entonces al pasar de los sprites a los polígonos y texturas, de las 2D a las 3D. Un monstruo con dos procesadores RISC de 32 bits en paralelo que prometía llevar las recreativas de la compañía, razón principal por la cual me decanté por ella, al salón. Yo tuve que aguardar a finales de año para hacerme con una, en una odisea digna de novela que ahora os contaré.
Gameplays: OutRun
OutRun. Solo mencionar su nombre debería bastar para entender que estamos hablando de algo más que un simple juego de coches. OutRun es un referente, no solo en dicho género, sino en el mundo de los videojuegos en general. Manejo sublime, varios finales, y una puesta en escena impresionante para la época marcan su desarrollo.
